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Mirar al cielo no es tan fácil: ruido, RF y un RTL-SDR

El cielo y el espacio siempre han sido una especie de última frontera para la humanidad, una obsesión que arrastra desde que alguien curioso se preguntó si podía existir algo allí fuera y si nos podíamos comunicar con ello.

Recuerdo que durante mi adolescencia pasaba horas leyendo publicaciones en foros en donde radioaficionados contaban cómo lograban interceptar imágenes de la Tierra enviadas por satélites meteorológicos, o como lograban abrir coches clonando la frecuencia de la llave con RF, todo gracias a jugar con tecnologías que no estaban pensadas para el ciudadano común.

Para un chaval de 16 años, aquellas «movidas» eran algo casi de ciencia ficción. No obstante, la adultez me enseñó que la curiosidad era capaz de superar cualquier objetivo inicialmente inalcanzable. Así, con el pasar de los años caí en el mundo la radiofrecuencia (RF) y del hacking físico, adquiriendo mi primer receptor de radio RTL-SDR y una antena patch recomendada por varios usuarios en YouTube y Reddit.

En ese instante comenzó una rutina de investigar, ver vídeos, tomar apuntes, probar cosas y leer, especialmente leer. Entre dichas lecturas, Practical SDR: Getting Started with Software-Defined Radio, de David Clark y Paul Clark, fue uno de los que me ayudaron a aterrizar ciertos conceptos y a entender que en este mundillo no hay nada inmediato; una lectura prácticamente obligatoria a mi parecer.

“Esto no puede ser tan difícil … no?”

Iniciarse en esto es divertido, pero rápidamente te pone en tu lugar. Aunque ha pasado un tiempo, todavía admito que me faltan por comprender aspectos que para otra gente seguramente sean básicos, aunque supongo que esa capacidad curiosa de aceptar que no podemos saberlo todo el espíritu que nos hace humanos, y sobre todo hackers.

Gracias a algunos conocimientos que adquirí en primero de telecomunicaciones (sí, solo hice el primer año del grado, lol), conocía que sistemas como la televisión, la radio comercial, UHF, dispositivos IoT o incluso la aviación operaban en franjas de frecuencia bien definidas. Con IoT es un caos mayor, pero suelen moverse en rangos conocidos.

Eso me hizo asumir que escuchar la radio, taxistas, a otros radioaficionados o incluso comunicaciones de aviación sería simplemente cuestión de moverse por el espectro y saber dónde mirar. De hecho, llegué a escuchar a un piloto hablando con control, así que mi confianza iba en aumento.

La expectativa estaba clara, la realidad, aún no

De satélites no tenía ni idea. Ni de en qué bandas y subbandas se movían, ni de que los satélites meteorológicos, los de órbita polar, los de empresas privadas como los famosos Starlink, los de telecomunicaciones, los pequeños cubesats universitarios… o, ya ni hablemos, los satélites militares, no comparten ni objetivos, ni potencias, ni formas de transmitir, aunque a veces operan dentro de rangos de frecuencia similares.

This is fine

Si no tienes ninguna noción, tú, quien esta leyendo esto, posiblemente también te preguntes en que berenjenal te estas metiendo como yo lo hice en su momento.

En mi caso, mi investigación me llevó a ser «abducido» por un tipo de Milwaukee con un campo de cinco hectáreas, una antena gigantesca más grande que las de un Boeing E-3 Sentry, —nótese la ironía—, y un waterfall tan limpio que parecía renderizado por ordenador.

Evidentemente, este señor era dueño de un espectro impoluto sin interferencias, sin ruido urbano y sin el mando a distancia del vecino colándose a las cuatro de la mañana mientras hace zapping.

Alejándome de casos llamativos como este, descubrí que las personas más modestas estaban usando antenas patch o incluso antenas telescópicas, evidentemente más económicas. Pero todos tenían algo que yo no: espacio, mucho espacio, y eso era un problema, porque un terreno limpio y despejado ayuda bastante más de lo que YouTube suele admitir.

Aun así, ignorando mi situación, decidí intentarlo desde mi fantástico balcón rectangular de seis metros cuadrados. Porque claro, ¿qué podía salir mal? Spoiler: muchas cosas. Pero al menos estaba a punto de aprender valiosas lecciones.

First contact

Lo primero que me llamó la atención al conectar por primera vez el RTL-SDR tras ser reconocido por el software (en mi caso SDR++), fue ver una línea blanca perfectamente centrada en el waterfall (la visualización espectral de la imagen de debajo), y que también fue lo primero que me hizo dudar de si estaba haciendo las cosas correctamente.

Así descubrí que aquello estaba siendo causado por un offset DC y pequeñas imperfecciones en el balance I (In-Phase) y Q (Quadrature) de la señal, introducidas durante la conversión analógico-digital en el propio hardware. Nada especialmente grave que en la mayoría de programas no pueda eliminarse fácilmente con un filtro de software.

RF DC Spike en SDR++
Waterfall

Lo siguiente que tuve que enfrentar fueron picos extraños que aparecían y desaparecían sin que pudiese ni verlos ni escucharlos claramente. Eso me llevó a toquetear intuitivamente filtros y ajustes, haciendo que a veces la situación pareciese mejorar y otras, empeoraban.

Todo ello fue suficiente como para darme cuenta de que aquello no era tan fácil como “taca y a escuchar”. Más bien, me enseñó que, antes de poder siquiera cazar una señal de satélite, tenía que aprender a interpretar lo que estaba viendo; antes de buscar una señales, debía entender el ruido.

taca y a escuchar

Los satélites no esperan

Ventanas y órbitas

Por si no ha quedado claro, los satélites no son como un dispositivo IoT, una red Wi-Fi o cualquier otro aparato que suela estar anclado a un lugar; el satélite está lejos, se mueve, y uno solo tienes determinadas ventanas al día para intentar recibir algo; fuera de esas ventanas la comunicación es imposible. Se trata de un dominio donde manda la física y la geometría, no el software.

Geometría y elevación

Además, las pasadas orbitales no son iguales. Dependiendo del ángulo de elevación, de por dónde pase el satélite respecto a la posición del receptor, entorno y tu antena, puede que directamente este no vea «un pijo”, porque no basta con saber cuándo pasa.

Aunque uno se tire una o dos horas esperando una ventana con todo preparado, si su geometría y elevación no son óptimas, la señal recorrerá más atmósfera o se verá atenuada por obstáculos urbanos. En un entorno de ciudad, esto se traduce en recibir muy poco o directamente nada.

Potencia y distancia

Pero también puede deberse por la potencia y distancia, ya que la potencia de un satélite es limitada y la distancia enorme. Para combatir esto, un elemento clave es el LNA —Low Noise Amplifier—. Su objetivo, explicado brevemente, es amplificar la señal débil; un buen LNA se caracteriza por añadir muy poco ruido propio durante esta amplificación.

Sin embargo, este no hace milagros, si no que amplifica tanto la señal deseada como todo el ruido e interferencias que ya estén presentes en tu entorno.

Bursts y transmisiones en ráfaga

Otro concepto clave es que no todas las transmisiones son continuas. Algunos satélites envían datos en ráfagas cortas: transmiten durante unos segundos —o incluso menos— y luego permanecen en silencio. Si no estás mirando justo en ese momento, parece que “no hay señal”.

Doppler

Al moverse tan rápido, el satélite provoca un desplazamiento de frecuencia durante la pasada. La señal no se queda quieta en un punto del espectro, sino que se va moviendo poco a poco. Existen distintas aplicaciones que tratan el Doppler de forma automática, pero debe quedar claro que este no es un problema de configuración, es física pura.

Doppler

Duty cycle

Otro detalle que hay que tener en cuenta en que no todos los satélites están siempre “encendidos” (duty cycle). Algunos satélites meteorológicos, como los NOAA, no emiten constantemente ni de forma aleatoria.

Lo que hacen es transmitir solo cuando están bañados por la luz solar debido a que sus paneles necesitan generar el excedente de energía necesario para alimentar su transmisor de radio. Cuando entran en la sombra de la Tierra, el transmisor se apaga para conservar las baterías.

Esto significa que puedes tener una pasada perfecta sobre tu cabeza, pero si en ese instante el NOAA está cruzando la sombra de la Tierra, su transmisor estará apagado y por tanto no recibirás nada.

Ahí es donde las herramientas de predicción se vuelven tu mejor aliado. Un programa como Gpredict —gratuito y muy popular— no solo te dice cuándo y por dónde pasará el satélite, sino que también calcula si estará iluminado por el sol —sunlit— o en eclipse —in eclipse— durante su sobrevuelo.

La teoría es bonita, pero ¿y el ‘pip’?

A estas alturas imagino que esperas una foto de la Tierra, captada desde mi balcón y decodificada en el ordenador en el que escribo esto. Lamentablemente, tengo malas noticias, no hay imagen.

Lo que sí que he conseguido ver, o más bien escuchar, ha sido cosas como taxistas pidiendo ayuda para encontrar una dirección o un piloto hablando aparentemente con control y dispositivos intercambiando datos entre ellos; básicamente máquinas hablando con máquinas, el mundo “urbano” del espectro.

Simplemente, aún no he conseguido interceptar un satélite y puede que pienses que has perdido el tiempo leyendo todo esto, pero no del todo. Aunque no haya habido un “PIP”, hemos entendido cosas muy importantes a tener en cuenta para la próxima; hemos entendido el medio por el que estas comunicaciones viajan.

PIP

Y sí, aquí tienes la recompensa prometida. No es mía, pero sirve para recordar por qué empecé a mirar al cielo en primer lugar.

Esto no es un hobby, es el preludio

Si has leído hasta aquí, probablemente compartas esa picazón: la de saber que estás jugando con algo más grande que un pasatiempo.

La realidad es que el «hacking satelital», como campo serio, no es una posibilidad futura. Ya está aquí. Lo demuestra un estudio de 2025 donde investigadores, con un equipo de solo 800 dólares, interceptaron desde una azotea llamadas, SMS e incluso comunicaciones militares que viajaban sin cifrar por satélites.

En mi opinión, en los próximos 5 años, todo este rollo de analizar RF satelital (que ya se hace dentro del hacking) dejará de ser un nicho de radioaficionados y hobbyists para convertirse en un dominio crítico de la ciberseguridad.

Dale una vuelta:

Constelaciones masivas como Starlink o Kuiper están desplegando una red global cada vez más accesible, mientras que los cubesats universitarios y comerciales se lanzan por decenas, a menudo con la seguridad del hardware y de las comunicaciones descuidada, en un contexto en el que la guerra moderna ya incorpora interrupciones del GPS y ataques dirigidos contra satélites.

La mayoría de la planificación de seguridad en estos entornos es de security by obscurity; vamos, que como están arriba, la mayoría de la peña piensa que son inalcanzables. Los propios investigadores lo resumieron en el título de su estudio: ‘Don’t Look Up‘, porque la estrategia parecía ser esperar que nadie lo hiciera.

El problema no es que todo sea hackeable, sino que durante demasiado tiempo se confió en que nadie iba a mirar hacia arriba.

El paso de escuchar a interceptar, y de interceptar a entender, es el mismo que darán actores con intenciones menos buenas. La frontera espacial se está digitalizando, y con ella, sus vulnerabilidades.

Mi balcón lleno de cables y mis pasadas fallidas no son solo un capricho, son los primeros pasos torpes en un campo que pronto será fundamental.

Estamos en el momento exacto y quizás el último, en el que esto es lo suficientemente accesible para aprender por curiosidad, antes de que se convierta en una disciplina exclusiva de estados y grandes corporaciones.

See you, space cowboy.

Puedes leer mas sobre Hacking y ciberseguridad aqui: Araintel

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