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En los albores de internet (años 90), crear una cuenta de correo o rellenar un formulario parecía sencillo, hasta que aparecieron unas extrañas letras torcidas que había que descifrar. Aquella molestia tenía la función de impedir que un programa repitiera el mismo trámite miles de veces. Los CAPTCHA se extendieron para frenar los registros automáticos y otros abusos de los servicios web.

Principios de los 2000: letras vs bots

En Carnegie Mellon, los investigadores y científicos Luis von Ahn, Manuel Blum, Nicholas Hopper y John Langford desarrollaron pruebas que aprovechaban una diferencia entre personas y ordenadores. Los programas de reconocimiento de texto les costaba interpretar determinadas letras deformadas, por lo que Yahoo incorporó uno de sus sistemas para dificultar la creación automática de cuentas, el CAPTCHA.

Este nombre (que seguramente conozcas) te hará plantearte ¿que significa? es un acrónimo de «Completely Automated Public Turing test to tell Computers and Humans Apart», en referencia a la prueba de Turing, hecha pública y automatizada para distinguir humanos de máquinas.

El usuario veía una imagen y escribía sus caracteres. Pero, conforme mejoraba el reconocimiento automático, las distorsiones aumentaban. Algunas pruebas acabaron siendo difíciles incluso para quienes debían superarlas, especialmente para personas con dificultades visuales. Proteger un formulario podía terminar impidiendo que un usuario legítimo lo utilizara.

2007–2009: demostrar que eras humano y transcribir libros

En 2007, von Ahn y su equipo presentaron reCAPTCHA. La propuesta aprovechaba el tiempo dedicado a resolver estas pruebas para ayudar a digitalizar libros y periódicos. En lugar de mostrar únicamente caracteres inventados, incluía palabras escaneadas que los programas de reconocimiento óptico no habían conseguido leer. Google adquirió la empresa en 2009.

La versión clásica mostraba dos palabras: una conocida por el sistema, que servía para comprobar la respuesta, y otra pendiente de transcribir. Las respuestas a esa segunda palabra se contrastaban con las de otros usuarios. Así, mientras alguien completaba un registro, también ayudaba a recuperar texto de una página impresa.

2014: llega «No soy un robot»

El 3 de diciembre de 2014, Google presentó No CAPTCHA reCAPTCHA, la conocida casilla de «No soy un robot». No bastaba con creer lo que declaraba el visitante: detrás funcionaba un sistema que analizaba su interacción antes, durante y después de la prueba. Cuando había dudas, solicitaba un desafío adicional, como seleccionar imágenes que correspondieran a una categoría.

El cambio tenía una razón concreta. Google había obtenido un 99,8 % de acierto con inteligencia artificial en una variante difícil de texto distorsionado. Era un resultado de sus pruebas, no de todos los CAPTCHA existentes, pero mostraba que seguir retorciendo letras no bastaba para mantener alejados a los programas.

2017–2018: la comprobación pasa a segundo plano

En marzo de 2017 llegó Invisible reCAPTCHA, que permitía iniciar la comprobación sin marcar una casilla específica. En octubre de 2018, reCAPTCHA v3 pasó a devolver una puntuación de riesgo sin plantear un acertijo al visitante. La web podía utilizarla para permitir una acción, enviar un comentario a moderación o pedir una verificación adicional. La evaluación dejaba de depender únicamente de acertar una respuesta.

Hoy: acertar sabe a poco

La IA moderna está dejando obsoletos muchos CAPTCHA visuales tradicionales. Leer letras deformadas o reconocer objetos ya no supone la misma dificultad para un programa, por lo que acertar una imagen no basta para demostrar que hay una persona detrás. Esto no significa que toda verificación haya dejado de funcionar, sino que necesita apoyarse en otras señales para detectar actividad automatizada.

Aun así, el CAPTCHA se ha ganado un sitio entre los clásicos de Internet. ¿Quién no ha marcado y sigue marcando fotos de motos, autobuses o semáforos para entrar en una web? Incluso dudando de si esa esquina de una rueda también cuenta. Aquellas pruebas que debían complicarles la vida a los bots acabaron poniéndonos a prueba la paciencia a los demás.