
En 2018, ocho artistas hacktivistas más tarde conocidos como MoMAR se preguntaron si el arte y los museos pertenecía a los ciudadanos o a la élite.
Habían llegado a la conclusión de que el discurso “abrir el arte al público” había encerrado hasta entonces en su definición no una invitación de participación, sino una declaración de valores elitistas, señalando que se había canonizado a las grandes galerías y reducido el papel del público a mero observador.
Tras decidir que el arte debía pertenecer a los primeros y rebelarse contra los segundos, nació MoMAR, una galería de arte no autorizada cuya primera exposición no dejó indiferente a nadie.
El 2 de marzo, el grupo de hacktivistas formado por Damjanski, Gabriel Barcia-Colombo, Sarah Rothberg, Tara Sinn, Louise Foo, Harald Haraldsson, Scott Garner y David Lobser debutó con la exposición “Hello, we’re from the internet” con el objetivo de protestar contra la canonización de los museos y las obras de arte además de visibilizar el papel democratizador de internet, comparando su nacimiento con el de la imprenta.
No obstante, lo más disruptivo de esta exposición fue que la exposición se llevó a cabo desde la sala de Jackson Pollock en el quinto piso de la Galería Estée y Joseph H. Lauder del The Museum of Modern Art (MoMA), un espacio que reunía varias pinturas de una colección permanente del famoso pintor norteamericano. Secuestraron la sala y la hicieron suya sin violencia y sin dañar ninguna obra. ¿Cómo? Recurriendo a la realidad aumentada.
En una de las performance más interesantes del siglo XXI, el grupo posicionó virtualmente alguna de sus obras mas críticas encima de los cuadros de Pollock; la acción simplemente sucedía en la pantalla de los visitantes, sin los equipos y redes del museo.
Y para lograrlo solo hacía falta descargar una aplicación de código abierto desarrollada y distribuida por estos y escanear con el teléfono las obras del pintor norteamericano para poder ver las nuevas composiciones.
Por ejemplo, el artista Gabriel Barcia-Colombo convirtió White Light en un juego interactivo con pequeños esqueletos trepando por la superficie, una lectura sobre memoria y vida después de la muerte alrededor de una de las últimas obras de Pollock de 1954, mientras que Damjanski mostró Number 12811912112811950, 2018, un GIF que fusionaba los rostros de Pollock y Ed Harris.

¿Y qué hizo el museo? Pues no intervenir. Se estaban enfrentando a algo contra lo que no podían hacer nada: de alguna forma habían sido vulnerados.
Desde entonces, MoMAR ha lanzado un par de exposiciones más relacionadas con temas de interés común como la inteligencia artificial, la concienciación por el medio ambiente o la ciberseguridad. De hecho, su última exposición “Root Access” volvió a reexplorar la idea del secuestro de los espacios, referenciando directamente a la escalada de privilegios en los sistemas informáticos a través de las obras de Chia Amisola y Yoshi Sodeoka.
Esta performance en el tiempo nos hace reflexionar sobre un montón de preguntas profundas como si atentar contra el arte con más arte es arte. En nuestra humilde opinión, se trata de un movimiento muy creativo que demuestra las posibilidades de la tecnología para empoderar movimientos sociales.























