
Cuando Sneakers, del director Phil Alden Robinson, se estrenó el 9 de septiembre de 1992, el ya hace tiempo fallecido crítico de cine Vincent Canby describió la película como «una versión atrofiada de las cintas de atracos que habían triunfado en los años setenta» sentenciando que «parecía haber sido desenterrada después de veinte años».
Sin desmerecer la opinión del conocido articulista, famoso en su época por sus reseñas contundentes, lo cierto es que en estos tiempos en los que los fantasmas de la hipervigilancia y el control estatal recorren Europa, un clásico del cine de espionaje y hacking como Sneakers «se disfruta hoy más que nunca» y nos recuerda el valor de la criptografía y de nuestra privacidad; porque aunque llegase «algo tarde» a la gran pantalla (los diez años que se tardó en escribir afectaron a su guion), creemos que que el filme sobre el «disolvente universal de código” es hoy de actualidad en un mundo amenazado por casos como #LaLigaGate o #ChatControl.
Sinopsis
Escrita junto a Lawrence Lasker y Walter Parkes, guionistas de WarGames, Sneakers narra la historia de Marty Bishop (Robert Redford), un hacker exconvicto.
La película comienza con un prólogo durante los sesenta que condiciona el desenlace de la trama: tras la detención y muerte de su amigo hacker, Cosmo, Marty se deshace de su apellido y se oculta, adquiriendo décadas después una nueva identidad como el líder de un pequeño equipo de pentesters, entonces llamados tiger teams, conformado por él, Crease (Sidney Poitier), un exagente de la CIA; Mother (Dan Aykroyd), un técnico en electrónica; Whistler (David Strathairn), un analista de sonido ciego; y Carl (River Phoenix), un joven especialista en sistemas.
Tras una secuencia de un asalto perfectamente orquestada a un banco, que pronto se revela como una auditoría de seguridad del tiger team, dos supuestos agentes de la NSA llegan para coaccionar con dinero y un borrado del historial delictivo a Bishop a cambio de robar una caja negra a un criptógrafo llamado Janek, dispositivo que más tarde se revelará como uno capaz de romper cualquier cifrado.
No obstante, tras entregar el dispositivo, el equipo de hackers descubre que los agentes resultan ser mercenarios al mando de un personaje misterioso cuyo plan es hacerse con el chip para “cambiar el mundo”. Ante dicha situación, nuestros héroes idean una operación basado en ingeniería social y técnicas de intrusión para recuperar el chip.
Los personajes
Lo cierto es que una parte importante del encanto de este tipo de películas es la organización del grupo, conocer el pasado y las ambiciones de sus integrantes, aquello que les caracteriza; si eso es lo que se busca, en Sneakers no ocurre porque el filme sacrifica ese trasfondo para ganar ritmo. El propio Phil Alden Robinson lo explicó en una entrevista en el podcast Working de SLATE. Según él, el plan original era abrir con el reclutamiento y centrarse más en los personajes, pero durante la escritura se dieron cuenta de que tenían demasiada historia que contar y optaron por tener al equipo ya formado.

Marty Bishop (Redford) logra ser, a pesar de su personalidad algo payasa, un líder confiable para su grupo, destacando su talento natural para la ingeniería social y conducir las conversaciones a su favor; Crease (Poitier), el personaje «más maduro» debido a su pasado en la CIA, toma el rol de «poli malo» encargándose de decir y hacer las cosas menos populares pero necesarias para el bienestar del equipo, como obligar a Liz a quedarse con ellos la noche que protegen la caja negra; mientras que Mother (Aykroyd), es un conspiracionista de manual muy divertido que sin embargo palidecería contra los conspiracionistas de hoy día.
Por su parte Carl (Phoenix), destaca evidentemente por ser el mas joven del grupo, interpretando el papel del típico universitario geek virgen que aparece cuando menos te lo esperas; pero de entre ellos el personaje más interesante es sin duda el de Whistler (Strathairn), quien despierta gran encanto gracias a su humildad, capacidad de análisis y capacidad técnica a pesar de estar ciego, que lo vuelven casi tan carismático como a Redford, incluso más que él en algunas escenas.

Una pieza que encaja un poco menos en la ecuación es la de Liz (McDonnell), quien, según el director, en un principio no iba a tener prácticamente presencia en el film, pero se integró como la subtrama amorosa del protagonista, aunque afortunadamente no queda relegada y termina convirtiéndose en otra más del equipo de forma orgánica al arriesgarse participando en algunas de las misiones, como conseguir una tarjeta de seguridad o una voz grabada engañando al vecino de despacho de oficina de Cosmo.
Y hablando de Cosmo (Kingsley), sin duda se trata del personaje peor aprovechado, un antagonista muy arquetípico, lo cual no sería malo si no fuese porque no tiene casi presencia: no conocemos casi nada sobre su pasado, ni siquiera por qué quiere cambiar el mundo.
Al final resulta ser un niño enrabietado con un importante complejo de inferioridad «porque el otro se llevaba a las chicas”, lo que incluso molesta un poco, porque devalúa la buena trama sobre seguridad nacional y vigilancia que se había construido durante las dos primeras partes de la película.

Fotografía
Sneakers no es una película sobre «hacker élites». El mundo en el que se ambienta no es el underground, sino el dark side de los negocios, el mundo académico y el mundo institucional; es decir, los espacios por los que se desplazan nuestros personajes son oficinas, salas de negocio y laboratorios, muy bien seleccionados por la diseñadora Patrizia von Brandenstein y que reflejan jerarquía y control de poder.
Sí, aparecen gadgets interesantes, como sistemas de reconocimiento de voz o sensores ultrasónicos, pero no son demasiado llamativos, sino productos militares caros destinados a la seguridad. Se puede decir que continúa la estética de WarGames y se aleja de los neones de Hackers (1995).
Allí entra en juego el talento de John Lindley, quien a pesar de la gran variedad de escenarios, consigue saltar con tremenda sutileza desde los planos mas abiertos a planos detalle y captar un ambiente serio pero lleno de color que sintoniza con las emociones del espectador.

El Prólogo, un inicio clave
El prólogo nos sitúa en un campus universitario cubierto por la nieve durante una noche de 1969 . Desde la sala de ordenadores, nuestro protagonista y futuro antagonista trabajan con un terminal de cuarenta columnas conectado al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, un teléfono de disco en un módem de acoplamiento acústico y una unidad de cinta magnética de nueve pistas, presentados con un plano secuencia brillante.
Tras enviar una transferencia del Partido Republicano a los Panteras Negras y localizar la cuenta personal de Richard Nixon, tienen un diálogo clave:
COSMO: Premisa. La compañía telefónica tiene demasiado dinero.
COSMO: Consecuencia.
MARTY: Eh, son corruptos. ¿Resultado?
COSMO: El sistema se perpetúa a expensas del pueblo. ¿Conclusión?
MARTY: Bell Systems tiene que donar algo de dinero.
COSMO: Vamos a cambiar el mundo, Marty. [...]
MARTY: El poder para el pueblo, Cosmo.
COSMO: El poder siempre para el pueblo, Marty.
Tras echar a suertes quién sale a por comida, Marty pierde y se marcha, pero su microbús no arranca; desde la calle ve llegar a la policía que entra en el edificio. Cosmo oye ruidos, se asoma a la ventana y es detenido mientras llama a Marty. Él huye en la noche y la nevada se funde en estática de televisión antes de cortar al interior de la furgoneta de nuestro equipo de hackers.

La escena de la tarta
Una de mis escenas favoritas es la de la tarta en el vestíbulo. En el Instituto Coolidge, Carl se hace pasar por repartidor y discute con el recepcionista porque trae 36 cajas de limpiador que no está en la lista de este. A la vez, Marty y pregunta por una tarta para una fiesta sorpresa. Suena un claxon, supuestamente de la mujer de Bishop, quien sale y vuelve con una caja grande y globos.
MARTY: Oiga. ¿Mi esposa dejó aquí la tarta para mí?
RECEPCIONISTA: ¿Qué tarta? Aquí no hay ninguna tarta.
MARTY: Es para una fiesta sorpresa de Marsha en la segunda planta. Ella debía haber dejado una tarta.
RECEPCIONISTA: No sé nada de eso. [...]
MARTY: ¿Puede abrirme, por favor?
MARTY; Abra el acceso, no alcanzo mi tarjeta.
RECEPCIONISTA: Espere un minuto.
MARTY: Abra, ¿de acuerdo? Llegamos tarde a una fiesta en la segunda planta.
MARTY: Pulse el maldito botón, ¿quiere?
El recepcionista, desquiciado por culpa de Carl, pulsa el timbre y deja pasar a Marty. Se trata de un movimiento de ingeniería social clásico: debido a la urgencia y apariencia de legitimidad, el recepcionista dejar pasar a los intrusos.

La escena del Scrabble
En esta escena, parte del equipo juega al Scrabble mientras Marty y Liz discuten si una palabra vale, haciendo posiblemente una mención honorífica a Capitan Crunch. La sala está iluminada con luz limpia de oficina que aplana sombras y deja ver el tablero, los cables y las mesas con ordenadores. Al fondo, Whistler explora la caja negra con su terminal braille, y Carl le apoya con cables.
Marty comienza a obsesionarse con el significado de las palabras «Setec Astronomy», volcando las fichas y probando anagramas hasta dar con la frase Too many secrets, demasiados secretos.
MARTY: Demasiados secretos.
WHISTLER: Conecta cables e interfaz.
CARL: Lista la Reserva Federal, nodo de transferencias en Culpeper, Virginia.
CARL: Está cifrado.
WHISTLER: Último contacto, Mother.
MARTY: El texto se resuelve en claro.
WHISTLER: ¿Apagamos la Reserva Federal?
CREASE: No juguéis con eso.
CARL: Red eléctrica nacional.
MOTHER: Mapa del noreste en pantalla.
WHISTLER: ¿Dejamos a oscuras Nueva Inglaterra? ¿Qué más?
CARL: Control del tráfico aéreo.
MOTHER: Mapa del Área de la Bahía.
LIZ: Dios mío.
WHISTLER: La criptografía se basa en problemas que no se resuelven sin clave. [...]
CARL: Entonces es un descifrador.
MARTY: No, es el descifrador. No más secretos.
Pronto el equipo se da cuenta de que están ante el descifrador definitivo: la «disolución universal de código» en la que Alden Robinson había pensado para la pelicula.

El reencuentro con Cosmo
Cosmo le recuerda a Marty que de jóvenes querían cambiar el mundo y le asegura que él sí puede hacerlo: solo debe controlar el dinero. Sostiene que el dinero es el origen del problema, que los contratistas de defensa lo acaparan mientras las causas nobles carecen de él, y que los políticos se compran y se venden.
Afirma que arrojamos montones de dinero a la contaminación, el crimen, las drogas, la pobreza, la enfermedad, el hambre y la desesperación, y que todo empeora porque la mayor capacidad del dinero es permitir que la gente mala siga haciendo daño a costa de quienes no lo tienen. Eso aprendió en prisión: que todo en este mundo, incluído el dinero, opera no sobre la realidad, sino sobre la percepción de la realidad.
COSMO: Planteamiento. La gente piensa que un banco podría estar en mala situación financiera.
BISHOP: Consecuencia. La gente empieza a retirar su dinero.
COSMO: Resultado. En poco tiempo lo está.
BISHOP: Conclusión. Puedes hacer quebrar bancos.
COSMO: Bzzzt. Ya lo he hecho. Quizá hayas leído sobre alguno.
COSMO: Piensa más en grande.
BISHOP: ¿La bolsa?
COSMO: Sí.
BISHOP: ¿El mercado de divisas?
COSMO: Sí.
BISHOP: ¿El mercado de materias primas?
COSMO: Sí.
BISHOP: ¿Países pequeños?
COSMO: Sí.
COSMO: Podría incluso hacer caer todo el maldito sistema. Destruir todos los registros de propiedad. Piénsalo, Marty. No más ricos, no más pobres, todos iguales. ¿No es eso lo que dijimos que siempre queríamos?
BISHOP: Cos, no te habrás vuelto loco, ¿verdad?
COSMO: ¿Quién más va a cambiar el mundo, Marty? ¿Greenpeace? (solo en la versión en español)
Cosmo se despide pidiéndole «no más secretos» a Marty.

La llamada encubierta al director del Centro de Operaciones de la NSA
Posiblemente se trata de una de las escenas mas llamativas de la película. En el apartamento de Liz, un mapa del mundo con nodos interconectados ocupa la pantalla. Whistler explica que va a encubrir la llamada haciéndola saltar por nueve estaciones y dos satélites para hacer casi imposible el rastreo, mientras Mother prepara un polígrafo que detecta si el interlocutor miente.
Marty coloca el auricular en un acoplador acústico y marca a Fort Meade, y tras pronunciar las palabras «Setec Astronomy» consiguen conectar con un hombre misterioso.
ABBOTT: ¿Quién habla?
MARTY: El que paga la llamada hace las preguntas. ¿Quién es usted?
ABBOTT: Llámeme señor Abbott.
MOTHER: Veraz.
WHISTLER: Segundo salto completado.
MARTY: ¿Le interesa Setec Astronomy?
ABBOTT: Me interesan todas las astronomías.
MOTHER: Veraz.
WHISTLER: Ya están por satélite y Tokio.
MARTY: Necesito saber si puede cerrar un trato.
ABBOTT: Siga.
MARTY: ¿Puede negociar?
ABBOTT: Sí.
MOTHER y CARL: Veraz.
WHISTLER: Cruzan Transcom. Te quedan veinte segundos.
MARTY: Si entro con lo que sé, ¿puede garantizar mi seguridad?
ABBOTT: ¿Tiene el dispositivo?
MARTY: No.
WHISTLER: Quince segundos.
MARTY: ¿Puede garantizar mi seguridad?
ABBOTT: ¿Dónde está el dispositivo?
MARTY: ¿Puede garantizar mi seguridad?
WHISTLER: Cinco segundos.
ABBOTT: Sí, puedo garantizar su seguridad.
MOTHER: Miente.
Cuando Abbott promete seguridad, el polígrafo se dispara. Ya en el último salto, Whistler ordena cortar la llamada para no acabar siendo rastreados.

Excarvando en la basura
Pocas escenas pueden ser más hacker que rebuscar en la basura en busca de credenciales o pistas para planificar una intrusión o movimiento de ingeniería social. En el piso de Liz, el equipo revisa las bolsas de basura de Werner Brandes, el vecino de oficina de Cosmo de quien necesitan su tarjeta de acceso y su biometría vocal.
Entre facturas de llamadas de larga duración, un folleto de un club, entradas para un concierto y una carta de un servicio de citas por ordenador, nuestro equipo concluye que el tipo está buscando pareja.
Mientras bromean con conseguirle una cita, Liz de da cuenta de que las cajas de cereales están dobladas con mimo y el tubo de pasta está plegado con precisión, señalando que a quien busca Brandes es a una mujer meticulosa, refinada y muy ordenada, cayendo todos en la cuenta de que se está describiendo a sí misma.

Un desenlace bueno pero que podría haber sido más
Es imposible no sentirse decepcionado con el desenlace de la pelicula, no porque sea malo, si no por lo más impresionante que pudo haber sido. Después de que todos los integrantes están a salvo, Cosmo aparece en la azotea del edificio y a punta de pistola le exige a Marty que le entregue el dispostivo.
Ante la negativa del protagonista, dispara un tiro de aviso que impacta en la escalera metálica por la cual nuestro protagonista debe escapar. Marty cede y le entrega la caja, reprochándole que lo único que quiere es sentirse superior a él y que de alguna manera lo envidia. Cosmo lo admite y le reprocha no querer compartir el “poder”.
COSMO: ¿No sabes adónde podemos llegar con esto?
MARTY: Sí, lo sé. No hay nadie allí.
COSMO: Exacto. El mundo ya no lo manejan las armas, ni la energía, ni el dinero; lo manejan los unos y ceros, pequeños fragmentos de datos. Todo son electrones.
MARTY: No me importa.
COSMO: No espero que los demás lo entiendan, pero sí espero que tú lo entiendas. Empezamos este viaje juntos.
MARTY: No fue un viaje, Cos. Fue una broma.
COSMO: Ahí fuera hay una guerra, viejo amigo, una guerra mundial. Y no va de quién tiene más balas, va de quién controla la información. Lo que vemos y oímos, cómo trabajamos, lo que pensamos, todo trata sobre la información.
MARTY: Si fuera tú, destruiría esa cosa.
Bishop responde que haga lo que tenga que hacer, pero que para detenerlo tendrá que apretar el gatillo, y baja las escaleras. Cosmo no dispara y lo deja marchar; al abrir la caja que Marty le entregó, descubre que está vacía y se queda atónito.
De cierta manera es imposible no defraudarse ya que Cosmo podría haber sido un antihéroe mucho mas carismático, pues razones para cambiar el mundo no le hacen falta ni a él ni a nadie, pero su complejo de inferioridad destruye al personaje. Esto en parte se debe a que, como se ha comentado, la película prescindió de profundizar en los personajes, que más que personas son arquetipos superficiales.
En mi opinión, hubiese prescindido de la subtrama amorosa y hubiese alargado la duración cuarenta minutos dando espacio para explicar el pasado de los personajes.

Una escena final hacktivista y divertida
De regreso a la base, Bishop abre la caja y confirma que el chip descifrador sigue allí. Cuando la luz se enciende, aparecen agentes armados que los reducen.
Entre ellos, uno se presenta como Bernard Abbott, de la NSA, aquel con el que habían hablado en llamada. El grupo señala que aquello era jurísdicción del FBI al tratarse de una cuestión que involucraba otros paises, por lo que si la caja de Janek no servía para descifrar códigos extranjeros, su valor real es espiar las comunicaciones nacionales.
ABBOTT: ¿Qué quieren?
MARTY: Limpien mi historial y déjenme en paz.
ABBOTT: Trato. La caja.
MOTHER: Yo quiero una autocaravana, totalmente equipada, con cocina grande, cama de agua y equipo de música.
ABBOTT: Esto no es un concesionario.
MARTY: La autocaravana.
ABBOTT: Está bien. La autocaravana. Ahora, la caja.
CREASE: Y dos billetes en primera a Atenas, Lisboa, Madrid y Escocia. Y Tahití.
ABBOTT: Tahití no está en Europa.
CARL: Cuando tenga la caja nos da la clase de geografía. Hasta entonces, este hombre va a Tahití.
ABBOTT: Bien. Tahití. La caja.
CARL: Yo solo quiero el número de teléfono de la agente.
AGENTE: Dos siete tres nueve uno seis cuatro, prefijo cuatro uno cinco. Me llamo Mary.
ABBOTT: ¿Algo más?
WHISTLER: Paz en la tierra y buena voluntad entre los hombres.
ABBOTT: Somos el Gobierno de Estados Unidos. No hacemos eso.
MARTY: Va a tener que intentarlo.
ABBOTT: Veré qué puedo hacer.
Abbott pregunta a Liz por su deseo, ella dice estar feliz con lo que tiene. Tras recibir la caja, Abbott zanja que lo importante es que nada de aquello ha ocurrido y se retira con su equipo. Liz duda de que hayan hecho lo correcto pero Marty le muestra el chip de Janek en la mano y la tranquiliza.
Poco después, en la televisión, el Comité Nacional Republicano anuncia su bancarrota mientras varias organizaciones como Amnistía Internacional, Greenpeace y United Negro College Fund comunican ingresos récord por grandes donaciones anónimas.

Opinión final
Sneakers es una película de atracos hacker que ha envejecido bien porque decidió apostar por ser más metodológico e ideológico que espectacular.
Si bien tiene dosis de acción y suspense buenas como la auditoría de seguridad inicial, la escena del Scrabble, el rastreo telefónico de la NSA o la persecución en las oficinas de Cosmo, al final la película destaca por como se desenvuelven socialmente sus personajes en cada situación y aprovechan cada descuido de sus objetivos.
Lo cierto es que con una idea como un “disolvente universal de código” era difícil hacer una mala película y por suerte les salió bien el proyecto.
Evidentemente es una película prodemócrata. Es decir: desvío de dinero del Partido Republicano a los Panteras Negras, tanteo de la cuenta de Nixon para enviarla a una asociación por la legalización de la marihuana; la bancarrota del Comité Nacional Republicano frente a donaciones récord a Amnistía o Greenpeace durante el epílogo… y que decir de los diálogos de Marty y Cosmo, un auténtico manifiesto socialista. Incluso al inicio de la película Cosmo levanta el puño. Blanco y en botella…
Definitivamente el periodo temporal en el que se tardó en terminal la película afectó al guión. Cuándo comenzó a escribirse, la URSS era el mayor enemigo de los Estados Unidos y el cataclismo nuclear y la guerra espacial era una posibilidad.
Cuando se rodó, la URSS ya no existía: el mayor enemigo del mundo a quien podían temer los estadounidenses ahora eran otros estadounidenses, políticos y empresarios que comenzaban a aplicar más y más medidas que atentaban contra la clase trabajadora. De hecho, casi de manera poética, la muerte del espía ruso y el olvido de su subtrama te dice indirectamente que ya son una cosa del pasado sin protagonismo.
Sneakers se disfruta hoy más que nunca porque las vulnerabilidades humanas siempre van a estar allí mientras la tecnología caduca. Los ingenieros sociales son como los pistoleros del Lejano Oeste: gana el más rápido en reaccionar.
Los personajes, carismáticos, aunque sin pasado ni desarrollo, cumplen su rol y posibilitan la aparición ideas que revisar en nuestro mundo corporativo y a la deriva del totalitarismo, como quién controla la información, cuánto vale la privacidad y qué pasa cuando un Estado puede saberlo todo sobre nosotros.
Además, funciona muy bien gracias a su apartado visual y sonoro: los encuadres son muy directos y acompañan a la narrativa, mientras que banda sonora es buena. En conjunto, ha envejecido bien porque está bien hecha y documentada y, sobre todo, porque entretiene y fomenta el pensamiento libre a su manera.
Contra la LaLigaGate y ChatControl
Tristemente, Sneakers está más cerca de la realidad que de la ficción. En los últimos meses, dos controversias han reavivado el debate sobre la privacidad digital y la libertad en Internet: LaLigaGate y ChatControl.
El caso LaLigaGate surgió cuando se supo que LaLiga había obtenido autorización judicial para aplicar bloqueos dinámicos de direcciones IP en su lucha contra el fraude audiovisual.
Varias organizaciones tecnológicas, entre ellas RootedCON, denunciaron que estas medidas afectaban también a servicios y webs legítimas, creando un riesgo para el libre acceso a la red. Como respuesta, se ha promovido la presentación de demandas individuales contra los operadores que ejecuten bloqueos arbitrarios.
Por otro lado, ChatControl hace referencia a una propuesta europea que iba a permitir a la empresas y estados escanear los mensajes privados de los usuarios con el objetivo de combatir el abuso infantil.
Diversos organismos de ciberseguridad, expertos en criptografía y entidades de derechos digitales no obstante han alertado de que la medida implicaría una vulneración masiva del derecho a la privacidad y al cifrado de extremo a extremo. Por suerte, esta decisión fue aplazada en el último momento, quedándose en el aire.
En nuestra opinión, creo que es momento de defender nuevamente el derecho a la privacidad por el que lucharon tantas personas en el pasado: un mundo mejor es posible si existe unión.
Ficha técnica
Sneakers (título en España: Los fisgones, 1992, Estados Unidos) es un largometraje de 126 minutos en inglés, dirigido por Phil Alden Robinson, con guion de Phil Alden Robinson, Lawrence Lasker y Walter F. Parkes a partir de una historia de Lasker y Parkes; música de James Horner, fotografía de John Lindley, montaje de Tom Rolf y diseño de producción de Patrizia von Brandenstein.
Lo protagonizan Robert Redford, Dan Aykroyd, Ben Kingsley, Mary McDonnell, River Phoenix, Sidney Poitier, David Strathairn, Stephen Tobolowsky, Timothy Busfield y James Earl Jones; producido por Parkes/Lasker Productions y distribuido por Universal Pictures.
Se estrenó en EE. UU. el 11 de septiembre de 1992; contó con un presupuesto aproximado de 23 millones de dólares y recaudó unos 105,2 millones a nivel mundial (51,4 en EE. UU.). Se rodó en color, con razón de aspecto 1.85:1 y mezcla de sonido Dolby Stereo.























